hace 3 horas - ARGENTINA
El reclamo que lanzó este jueves el ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, puso en el centro de la escena una tensión sensible entre la provincia de Buenos Aires y la Nación, la demora en la entrega de vacunas del Calendario Nacional. “Llevamos meses de plazos incumplidos y promesas efímeras que atentan contra la salud de nuestra gente”, escribió el ministro bonaerense en su cuenta de X, donde además recordó que, según la ley 27.491, es obligación del Estado nacional comprar y distribuir las vacunas incluidas en el calendario obligatorio.
La advertencia no llegó sola. Kreplak acompañó su mensaje con un cuadro de situación que describe faltantes, demoras y stock crítico en varias vacunas clave.
Desde el Ministerio de Salud de la Nación, que está a cargo de Mario Lugones, señalaron que hubo demoras en entregas internacionales que la cartera debía recibir, lo que impactó en el cronograma de distribución previsto para el segundo trimestre. Aseguraron, además, que las provincias ya fueron notificadas y que el diálogo con la mayoría de las jurisdicciones es permanente, ya sea a través de los jefes del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) o de otros funcionarios.
Según el relevamiento publicado por la provincia que administra Axel Kicillof, se ve que en cuanto a la vacuna antigripal solo hay stock suficiente para adultos mayores y que las dosis recibidas hasta ahora no alcanzan para cubrir la alta demanda de las primeras semanas de campaña.
En el caso de la vacuna contra el virus sincicial respiratorio (VSR), el comunicado habla de falta de entregas durante marzo, ausencia de stock en depósitos y existencia de remanentes críticos en vacunatorios. A eso se suman problemas en otras dosis del calendario: “sin stock para distribuir” en varicela; disponibilidad para cubrir solo el 30% de la necesidad mensual en BCG; 60% de lo requerido en hepatitis B pediátrica; un faltante de 9.000 dosis de triple viral, con capacidad local para cubrir apenas la mitad de la demanda; ausencia de stock de VPH; falta de vacunas contra Covid-19 para menores de 12 años; y, en fiebre amarilla, depósitos vacíos mientras que las últimas dosis ya están en el territorio.
Según precisaron desde la cartera nacional, las entregas de vacunas contra el VSR y la hepatitis B están previstas para la próxima semana, mientras que las de BCG y varicela llegarían en abril, en las semanas del 6 y del 20, respectivamente.
Detrás del cuadro público hay, según reconstruyó LA NACION a partir de fuentes bonaerenses, un malestar que viene de hace meses. Ante la consulta sobre la explicación recibida por parte de la Nación, en la Provincia describieron una secuencia de respuestas cambiantes: que las dosis “están por llegar”, que hubo modificaciones en procesos de compra o que existen demoras en la entrega. También señalaron que la comunicación es esporádica: “Nos atienden el teléfono cada dos o tres días”.
En ese marco, remarcaron que “todas las dosis son urgentes”, pero advirtieron especialmente sobre el riesgo de afrontar el invierno sin las coberturas necesarias de influenza, en momentos en que la circulación de virus respiratorios suele crecer.
La preocupación de la Provincia se monta sobre un punto central, y es que el calendario nacional no funciona como compartimentos aislados, sino como una red. En los vacunatorios, la lógica sanitaria es aprovechar cada consulta para completar la mayor cantidad posible de esquemas. Dicho de otro modo, cuando una persona, o una familia, llega a un centro de salud, la oportunidad ideal es que en esa misma visita pueda resolver varias aplicaciones pendientes. Si alguna de esas vacunas falta, la chance de completar el esquema se debilita. Ese es uno de los argumentos que repiten en territorio bonaerense: la vacunación pierde eficacia poblacional no solo cuando bajan las coberturas, sino también cuando se interrumpe la disponibilidad regular de dosis.
El momento del reclamo agrega un condimento adicional. La campaña antigripal 2026 empezó en la Argentina el 11 de marzo, tres semanas antes que el año anterior, según informó el Ministerio de Salud de la Nación. La cartera nacional explicó que el adelantamiento respondió al comportamiento reciente de los virus respiratorios y a la circulación de una nueva variante de influenza A (H3N2). La vacunación está dirigida, entre otros grupos, a niños de 6 a 24 meses, mayores de 65 años, personal de salud, embarazadas, puérperas y personas con factores de riesgo. En ese contexto, cualquier retraso en la llegada de dosis impacta de lleno en una etapa crítica de la estrategia preventiva.
Más allá de la disputa puntual, el trasfondo es un problema que la Argentina arrastra desde hace años. Las coberturas de vacunación siguen lejos de los niveles óptimos. En octubre de 2025, el Ministerio de Salud de la Nación informó que en 2024 se revirtió la tendencia de descenso y se mejoraron varias coberturas, pero aun así reconoció que se está lejos del nivel deseable de 95% de cobertura.
Entre las dosis críticas del primer año de vida, la cobertura de hepatitis B pasó de 68,1% en 2023 a 83% en 2024; la de BCG, de 73,8% a 87,1%; y la quíntuple a los seis meses, de 68,8% a 78,8%. También se informó que las coberturas de los grupos de 5 y 11 años, que habían sido de 52% y 67% en 2023, mejoraron en 2024 hasta ubicarse entre 70% y 76%. Es decir, hubo una recuperación, pero el sistema todavía está por debajo del umbral considerado óptimo para sostener una protección robusta.
Ese mismo informe oficial incluyó otro dato que ayuda a dimensionar la fragilidad del escenario. La vacuna contra el VSR, incorporada recientemente, alcanzó una cobertura de 67,8% en embarazadas en su primer año de implementación. A la vez, el ministerio nacional sostuvo que en 2025 se aplicaron más de 178.000 dosis y que los resultados preliminares muestran una reducción del 62% en las hospitalizaciones asociadas al VSR y del 70% en los ingresos en terapia intensiva en bebés menores de seis meses. Son cifras que refuerzan una idea conocida por los especialistas: cuando las vacunas llegan, se aplican y logran cobertura, el impacto sanitario puede ser muy concreto.
En un sistema que intenta remontar tasas bajas de vacunación, cualquier demora en la provisión vuelve a abrir una vieja amenaza: que la recuperación se estanque justo cuando empieza la temporada de mayor circulación respiratoria y cuando cada visita al vacunatorio vale más que nunca.
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