"O te matan o te matas": qué se sabe del Rancho Izaguirre un año después del hallazgo en México del lugar de "reclutamiento y exterminio" del cartel CJNG

hace 2 horas - MUNDO


Las fotos y videos de una gran pila de zapatos, ropa y objetos personales acumulados durante mucho tiempo dieron la vuelta al mundo hace algo más de un año.

Eran el indicio más evidente de que por el Rancho Izaguirre habían pasado decenas y decenas de personas. Fueron encontrados por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco (GBJ), una organización de padres y madres de desaparecidos en ese estado del oeste de México.

La transmisión en vivo que hicieron en Facebook el 5 de marzo de 2025 también dio cuenta de que en ese lugar posiblemente había sido usado para quitarle la vida a muchas personas en una región dominada por el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Raúl Servín, uno de los padres de GBJ, contó entonces a BBC Mundo que encontraron casquillos de balas y cargadores, así como fosas clandestinas y rastros del uso de fuego.

El hallazgo del Rancho Izaguirre conmocionó a México y trascendió a nivel internacional porque parecía ser un sitio de reclutamiento del CJNG en el que también se habían cometido asesinatos de manera masiva o sistemática.

La Fiscalía General de la República (FGR) asumió las investigaciones, pero desde entonces ha rechazado categóricamente que hubiese evidencias de "hornos crematorios" o algún tipo de desaparición masiva de restos humanos.

"Las investigaciones han determinado de manera clara y contundente que el lugar era utilizado como un sitio de adiestramiento", dijo la FGR el pasado 5 de marzo.

Desde entonces hubo algunos avances en la investigación:

47 personas relacionadas a la operación del rancho han sido detenidas.

Los análisis forenses de los restos hechos por la FGR detectaron un perfil genético que corresponde a un hombre que no ha podido ser identificado.

La FGR dice que ha procesado el 64% de los indicios encontrados y asegura que continúa abierta la investigación.

10 acusados fueron sentenciados a 141 años de prisión por desaparición y homicidio de tres personas en el rancho.

José Ascensión Murguía Santiago, el alcalde de Teuchitlán, donde se ubica el predio, fue detenido y está acusado de ser cómplice de la delincuencia organizada.

Dos presuntos reclutadores del CJNG que llevaban a jóvenes al Rancho Izaguirre fueron detenidos y están siendo procesados por varios delitos.

Los testimonios de hombres y mujeres que aseguran que estuvieron en el Rancho Izaguirre no dudan en afirmar que ahí se dio el asesinato y desaparición de cuerpos de muchos jóvenes que fueron llevados ahí con engaños de un empleo formal.

La periodista de investigación Sandra Romandía obtuvo el testimonio de algunos de esos sobrevivientes y, luego de meses de trabajo, publicó el libro "Testigos de horror: la verdad que se quiso ocultar en el Rancho Izaguirre".

Más de un año después del descubrimiento, Romandía conversó con BBC Mundo sobre qué se sabe de lo ocurrido ahí y las dudas que persisten en la investigación.

BBC Mundo solicitó hablar con la Fiscalía General de la República sobre el caso, pero no obtuvo respuesta antes de la publicación de este artículo.

Hay un testimonio clave en el libro, el de María, porque ella estuvo en el rancho, vio lo que ocurría ahí. Un testimonio que llega por su contacto con los Guerreros Buscadores de Jalisco (GBJ).

Es un testimonio de varias horas de grabación con Indira Navarro (GBJ) y es uno de los más importantes porque tiene una continuidad y lo que busca es desahogarse.

Algo que yo noto en las víctimas, en las personas que sobrevivieron, es que buscan desahogarse, que buscan de alguna manera contar su historia.

Probablemente para que no se vuelva a repetir, probablemente para que atiendan a más personas que puedan estar encerradas, pero que con todo y el riesgo tuvieron la valentía de contar lo que les pasó.

En un momento ella y otros testigos hablan de que este rancho es como "un supermercado del CJNG". ¿Por qué lo describen así?

Lo que señalan los sobrevivientes es que es como si fuera una base de mano de obra barata para el cartel. Es como si este y otros ranchos se convirtieran en centros de manos que disparen, de ojos que vigilen, de mujeres que cocinen en campamentos donde están combatiendo, de médicos -porque también hay indicios de que secuestraron médicos- que los atiendan.

Entonces el Rancho Izaguirre, y otros campamentos y ranchos donde estaban adiestrando a las personas reclutadas de manera forzada, no es que fuera solo como un supermercado, sino como que se convirtió, según los propios testimonios, en centros de abastecimiento de mano de obra para el Cártel Jalisco Nueva Generación.

María y otros sobrevivientes -Luis, Héctor, "El Huesos"- son personas que no se conocen entre sí, ¿cierto? Pero que sus relatos convergen en qué es lo que pasaba en el rancho.

Así es, no se conocen entre sí. Yo no revelo cómo ni dónde fui conociéndolos, obteniendo la información para el libro, por seguridad. Pero lo que me parece importante es el contraste de versiones.

De cómo van coincidiendo con hechos específicos, con ciertas partes medulares de la historia, a pesar de que, como te digo, no es que hayan sido entrevistados juntos, no es que sean amigos, no es que hayan estado en el mismo momento.

Ellos describen desde los tipos de entrenamiento, si se puede llamar así, que reciben ahí, pero también todas estas atrocidades, todos estos crímenes que cometía la gente que estaba a cargo.

La mayoría lograron escapar de diferentes formas, en enfrentamientos, en un descuido de sus superiores. Pudieron salir huyendo, pero de alguna manera lograron contar una historia que es esta historia de cómo los reclutaban con mentiras, de cómo los fueron amenazando para que fueran luchando por su vida, por sobrevivir.

Y en ese intento de lucha, tuvieran que asesinar a otras personas, descuartizar a otras personas, quemar otros cuerpos, comer carne humana, vivir encadenados.

Tenían que atender las órdenes con precisión: la hora que tienen que ir al baño; la hora en que tienen que ponerse un pantalón; la hora en que tenían que desvestirse; si tenían que hacer 50 lagartijas (flexiones), hacerlas porque si no, sabían que recibirían golpes o incluso la muerte; y cómo narran la manera en que de pronto ellos mismos se convierten en centro de entretenimiento para los líderes del cártel.

Que parece que se divierten de una manera sádica, poniéndolos a luchar entre ellos o poniéndolos a torturarse o a ser torturados para que todos lo vean como si fuera un espectáculo, lo que habla del nivel de sadismo de estos grupos y también de las técnicas de deshumanización para las víctimas.

Hacen que permanezcan ahí como máquinas, intentando solamente sobrevivir a las órdenes de estos grupos criminales.

En un momento en el libro alguien dice: "Aquí solo se sale de dos maneras: o te matan o te matas". Eso describe cómo se ponían al límite a los jóvenes que desafortunadamente entraban ahí.

Eran situaciones límites y deshumanizantes. Uno de los testigos cuenta cómo fue reclutado por la fuerza, con engaños, secuestrado, torturado, y pasó todas las fases, que fueron tremendas.

Si de su grupo eran 100, sobrevivieron alrededor de 30.

Y cuenta cómo después le tocó ver a un nuevo grupo llegar y él tenía un arma y dijo: "Yo pude haber hecho algo para defenderlos, pero no hice nada porque sabía que a mí me podía tocar también una golpiza si hacía algo por ellos".

Así que se comportó como si fuera un miembro más del cártel sanguinario para poder sobrevivir, pero en realidad él estaba pensando "¿Qué hago para salvar a esta gente?".

Hablaste con vecinos del lugar, que tiene una importante presencia de grupos como el Cartel Jalisco Nueva Generación. Algunos te dicen que no notaron que hubiera un gran movimiento de gente. ¿Sentiste que tenían temor de hablar de lo que vieron alrededor de un terreno que solamente estaba protegido por unos muros?

La primera visita que hice fue cuando abrieron el lugar a los medios de comunicación. Intentábamos conversar con las personas de ahí y me pude dar cuenta del temor que sentían los pobladores de Teuchitlán, y específicamente La Estanzuela.

Pero cada quien tenía su contexto, es decir, muchas personas sospechaban que a lo mejor había actividades ilícitas en su zona. Lo veían porque estaban empezando a rematar algunas parcelas de sus vecinos y no les explicaban por qué. De pronto llegaba alguien a comprar montones de kilos de tortilla. Pero en vez de cuestionarlo o señalarlo, pues seguía la vida cotidiana, porque no es más que un reflejo más de todo lo que ocurre en muchas partes de México.

Esta historia en particular se convierte en universal al darnos cuenta de cómo las propias comunidades sobreviven frente a su contexto y sus circunstancias. Entonces, sin juzgarlos y sin decir que tenían como temor extremo o que tenían una colusión con los criminales, me parece que las comunidades, y en este caso Teuchitlán, se fue adaptando a los cambios que empezó a notar en los últimos años.

Y solapados por la policía municipal, por la alcaldía, etcétera, que estuvieron encubriendo a los criminales, como ya está esto en algunas declaraciones, en el juicio que está en proceso contra el alcalde.

Eso también nos describe un sistema social que se ha ido acostumbrando a la injerencia de personas externas, armadas, violentas, pero que por sobrevivir terminan adaptándose a ellas.

La Central de Autobuses de Guadalajara es clave. ¿Qué representaba esta terminal en este modus operandi de engañar a jóvenes que buscaban un empleo o un mejor ingreso?

Como a la mayoría de los jóvenes los reclutaban, ya sea cerca de o en municipios cercanos a Guadalajara o al estado de Jalisco, algunos en Nayarit, algunos otros en Zacatecas, algunos otros en Michoacán, que son estados colindantes al estado de Jalisco, entonces lo que hacían era ofrecer primero un trabajo de lo que sea.

Podía ser ingeniero en computación, guardia de seguridad, chofer, albañil, y les ofrecían buena paga. Era por WhatsApp, Facebook y otras redes sociales.

Los jóvenes iban pasando algunas pruebas vía teléfono o vía mensajes y cuando a alguien le decían que estaba seleccionado, le decían: "Te vamos a mandar tu pasaje (viaje) en autobús a la central de Tlaquepaque" (Guadalajara), que es muy importante, de las más grandes en Jalisco. Llegaban ahí y los mandaban a recoger en Uber o un taxi para llevarlos a las "oficinas de la empresa".

Por supuesto que a muchos de ellos igual no se les hacía tan sospechoso porque algunos llegaban de día. Algunos llegaban acompañados con otros compañeros que iban supuestamente a trabajar y decían: "Pues bueno, somos varios, somos chicos de bien".

¿Y qué pasaba? Que cuando llegaba ese supuesto Uber, que en realidad era un automóvil, un vehículo particular, los secuestraban, los amenazaba con armas, les quitaban sus teléfonos y los trasladaban al Rancho Izaguirre o a otros ranchos a que fueran entrenados a la fuerza.

Quien se resistía se moría en ese momento.

Buena parte de la controversia el año pasado vino a partir de la entrada de la Fiscalía General de la República (FGR) en la investigación. Desde ese momento, la FGR sostienen que no hay indicios de incineración masiva, de cremaciones, a pesar de que de que los testigos, los Guerreros Buscadores de Jalisco, siempre han dicho que sí. ¿Por qué hay estas dos posturas, tan radicalmente opuestas?

Parece todo un interés oficial por controlar la narrativa sobre lo que pasó (...) Siempre hubo una promesa de parte de la Fiscalía General de la República de esclarecer el caso, pero sin querer confirmar ni decir si había realmente hornos crematorios o huesos humanos calcinados para supuestamente no entorpecer las investigaciones.

El tema es que nunca lo dieron a conocer. Y en cierto momento el fiscal Alejandro Gertz Manero reconoció que había al menos un cuerpo calcinado, cuando en realidad vimos en las imágenes montones de piezas calcinadas que podrían ser precisamente de personas.

Algunos expertos en geotermia señalan que allí se pudieron haber registrado incineraciones desde hace más de 10 años.

En el caso de Ayotzinapa, por ejemplo, era muy controvertida la versión de la fiscalía de que los criminales pudieron incinerar más de 40 cadáveres en un mismo lugar, pues para ello se necesitaban muchos recursos técnicos y condiciones para conseguirlo. ¿Crees que en el Rancho Izaguirre sí se daban esas condiciones para hacerlo sistemáticamente, para hacerlo masivamente y sin que fuera notorio?

Yo creo que las autoridades son las que tienen que investigar mucho más a fondo. Yo lo que puedo hablar es de lo que hablan los testimonios, que hablan de un método, por ejemplo, de hacer que los cadáveres se resecaran para que así se incineraran mucho más rápido en pequeños pedazos. Y otros que tiraban parte de los restos a una fosa séptica.

Los que cubrimos el tema del narcotráfico en todos estos años en México somos conscientes de los diferentes métodos que han desarrollado los grupos criminales para no dejar rastro.

Entonces creo que esa parte le toca a la a las autoridades hacer una investigación seria.

Lo que yo puedo escribir por los testimonios es que a las personas ahí las trituraban. Los cuerpos los descuartizaban, los ponían a secar al sol, los quemaban, los enterraban. Ellos también describen unos tipos de hornos, con maderas y piedras. Y cuando yo estuve en el rancho se veían partes quemadas de objetos, piececitas carbonizadas. Ahí había huellas de que se calcinaban cosas.

Pero no soy un perito para decir si eso corresponde a una quema de huesos de personas. Uno de los funcionarios de Jalisco me dijo que debieron de haber sido fogatas, lo que había generado esos restos.

Entonces es parte de la exigencia desde la trinchera periodística y de los ciudadanos de conocer más y que se investigue mucho más a fondo.

En el libro hablas de que el Rancho Izaguirre no es una anomalía, sino parte del engranaje criminal. Quizás este rancho llamó mucha la atención por lo por los zapatos, por ejemplo, por la ropa, ¿pero existen muchos otros lugares como este en México?

En el libro también menciono algunos campamentos de adiestramiento que se han encontrado. Sin embargo, no puedo yo afirmar que haya sido reclutamiento forzado.

Lo cierto es que si el rancho Izaguirre existió y fue controlado por un cartel que domina al menos 20 estados de este país, pues evidentemente pueden estar utilizando las mismas técnicas para hacerse de mano de obra en 20 estados de este país.

Lo que yo quiero decir también es que se tienen que investigar muchos más zonas recónditas de Jalisco: la Sierra, el corredor de Tala hacia Puerto Vallarta, donde los testimonios refieren que había más campamentos y más ranchos.

Ya se han encontrado algunos, por ejemplo, el Rancho de la Vega, donde el periódico El Universal tuvo testimonios de personas que sobrevivieron y que vivían lo mismo que en el Rancho Izaguirre.

Evidentemente no fue el único lugar donde se reclutó de manera forzada, se adiestró y se exterminó de manera masiva o sistemática a seres humanos.

Ha habido ya algunos condenados por esto, pero se sigue sin tener el retrato completo.

A un año de lo ocurrido, de lo denunciado, hay muchísimas preguntas todavía. En el contexto de un cambio de fiscal, ahora con Ernestina Godoy, en realidad se tendría que mostrar mucha más eficiencia, un cambio, un viraje, información, avances… Pero no vemos nada.

Lo que sí tenemos que reconocer es que cuando pasó lo del rancho, a los pocos días detuvieron a "El Lastra" (José Gregorio N), que no es poca cosa, pues es uno de los que están mencionados por los testigos en varias ocasiones y sin duda él manejaba parte del rancho.

Luego detuvieron a "El coreano" (Héctor N, reclutador), detuvieron a "La Leona" (Alma Rosa Rivera, reclutadora), abatieron a Nemesio Oseguera "El Mencho", que al final era la cabeza de esta de este cartel.

Pero quedan muchísimas, muchísimas dudas todavía por atender. Y creo que la Fiscalía General de la República debería atenderlas, así como a las familias que han reconocido prendas de sus hijos, a los buscadores que siguen denunciando que hay más desaparecidos en la zona con las mismas técnicas de reclutamiento.

Las autoridades no tuvieron una estrategia para evitar que los jóvenes siguieran cayendo en esas cosas.

Entonces todo esto que pasó, que no fue un día, dos semanas, tres semanas, cinco asesinatos, no, fue algo sistémico y horroroso durante una década. Es imposible que haya funcionado solo con cinco o seis personas, o diez personas que están detenidas.

No me refiero a que solo estén detenido el alcalde, unos policías, cuatro personas por ahí. Un engranaje tan grande, tan macabro, tan masivo, es imposible que se sostenga solo por ellos. Ahí debe de haber mucha más colusión policial, institucional y cabezas que están dentro del grupo que tienen que ser perseguidas.

¿Crees que este caso del rancho Izaguirre, que llamó tanto la atención nacional y mundial, genera condiciones para que no se repita, para que no haya un nuevo rancho Izaguirre, para que las autoridades tengan las formas de prevenir esto?

Desgraciadamente no lo creo. Porque las denuncias están, siguen desapareciendo jóvenes, siguen, siguen. Los colectivos de búsqueda muestran que han rescatado a muchos que iban llegando a una supuesta entrevista de trabajo. Se dan cuenta de que no era un trabajo normal, que sí era algo muy oscuro a lo que estaban llegando.

Entonces no me parece que eso haya cambiado nada.

Lo que me parece que es un antes y un después en la narrativa en cuanto a la verdad o los indicios que podamos tener los mexicanos de lo que pasa con las personas desaparecidas, a dónde se han estado yendo.

Hay un estigma, que es muy doloroso y tiene que terminarse México, de que quienes desaparecen, es porque debían algo al narco, porque estaban metidos en las pandillas o en el narcotráfico.

Pero estamos viendo cada vez más casos, en los últimos años, de jóvenes y niños, menores de edad, así como personas más adultas, que están siendo reclutadas a la fuerza.

Algunos se los llevan por sus conocimientos, si saben de ingeniería, de construcción, de medicina, etcétera, o por que representan mano de obra para ser sicarios a la fuerza.

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Fuente: bbc.com